nunca se sabe | el culebrón de la campaña

estatuas humanas sniper Leganés



En ocasiontes tengo la impresión que hay muchas más y mejores series, películas, novelas de espías y espionaje que hechos reales, como si el género literario, cinematográfico y televisivo fuera tan fantasioso como Juego de Tronos. Me pasa algo parecido entre las agencias de publicidad y los anuncios en sentido amplio, lemas, carteles, propaganda, crear o impartir conciencia política, y en general con todas las cosas u objetos, como se dice el Lingüística e Informática, en los que se obliga a elegir entre lo mejor, Champagne o Chinchón, en el caso que el anís sea malo. Así por ejemplo hay magníficas novelas y escritores, guionistas, hasta letristas de canciones y periodistas, igual que anuncios memorables como para convertir la programación de la RTVE pública en 1 muermo carísimo desde que los quitaron como fuente de financiación, y en sus espacios publicitarios tasados, como si fuera algo parecido a la junta electoral, y las cosas que digo productos u objetos directo, indirecto y circunstancial, es la única evidencia que los que gritan y se gritan en las otras cadenas no reciben atención médica y les ponen oxígeno en los parones. También con los espías cuando se tiene noticia de chapuzas, pues incluso cuando se dan como noticias, por lo general se descalifica a auténticos comisarios de policía y durante muchos años, no encontramos agentes que en otros países condenan hasta por decirlo, no solo que se sospeche, pero de ahí a que se lo vayan diciendo a los taxistas al salir de las estaciones y aeropuertos de auténticas historias de amor y lujo, con personajes que salen en papel couché, amantes y hoteles los más lujosos, amenazan con pegarles 1 par de tiros si hablan catalán, y lleven escrito su servicio que impone respeto solo metarlo, a boli en la carpeta, algo que fue descrito en programas de televisión de la máxima audiencia y en horario estelar, como de película americana. Hay misiones a martillazos contra los ordenadores, y lo que se llama o sería destruir pruebas incriminatorias, en realidad son las que se publican y en los últimos meses, abren con frecuencia los telediarios. Mal comparaos con esos, los personajes de las novelas de John Le Carré, Dashiell Hammett, Joseph Conrad, o los autores de best sellers millonarios de los que sus películas o argumentos pulverizan record de atención ajena y mundial que dejan en ridículo las cifras de los clásicos, son como se ve Pablo Iglesias a sí mismo, y creo que muchos seguidores de lo que parece 1 secta, 1 tipo con escolta al que sin embargo se atribuyen tratos con los gobiernos tiránicos de Irán y Venezuela, del que se llegó a decir y publicar que él mismo era agente de los servicios secretos españoles como Putin lo fue de los de Russia. Además que lo tenemos que ver y casi saber sin enterarnos, pues realmente las proezas que se cuentan, y no solo se publican parecen tan exageradas en cualquier otra circunstancia o personaje, que ya solo que se lancen con visus de verosimilitud, y que a los tipos que no llamaré periodistas se los lleven a Hollywood o los metan en 1 manicomio, da más que pensar casi que el suceso.

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